
"...la figura del director Camilo García Ortíz, de escaso vuelo intelectual y cuyos antecedentes se remiten a su noble profesión de martillero, entre malambo y malambo de una peña tradicionalista, resultó el disparador de críticas varias, sin advertir que su figura es sólo la señal de un gobierno que ha decidido el timorato protagonismo que debe ejercer el área en cuestión..."
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